Cayó como un rayo. Corría 1994 y reaparecía Manuel Benítez en un mano a mano con Jesulín, en Ubrique, y antes de que alguien pudiera impedirlo, Fernando Calvente -desde ese día «Rayito»-, de 14 años, ya estaba delante del toro. «Viendo «El Cordobés» que el animal me iba a coger, no por mi culpa, sino por los empujones de los banderilleros para quitarme, se plantó, apartó a la gente y gritó: «Dejadle tranquilo». Entonces, pegué mis pasecitos. Luego me dijo que si ya me había quedado tranquilo, le contesté «sí, maestro». Y añadió, «pues hala, ahora te vienes para acá, que has estado muy bien». Me quedé impactado. Me agarró, me sacó al tercio y me fui para el callejón. (Seguir leyendo en su blog)